jueves, 22 de agosto de 2013

Desde el Jardín

DESDE EL JARDÍN
Jerzy Kosinski
Edit. Vergara – 1975



Hubo una vez un hombre que vivió toda su vida dentro de un jardín que le pertenecía a otro hombre. Cuando el dueño del lugar murió el jardinero debió abandonar su hogar. Salió al mundo y lo desconoció. Lo miró con ojos de primera vez y no lo comprendió, pero ¿acaso alguien puede comprender el mundo que creamos y en el que vivimos?

Para Chance, el jardinero, ese lugar era su mundo completo. Allí transcurría la vida y se llenaba de sentido. Tal vez porque no conocía otra cosa, no había experimentado nada por fuera de esas paredes de árboles y hojas:

lo que el jardín tenía de particularmente atractivo era que, en cualquier momento en que se detuviera en los angostos senderos, entre los macizos de arbustos o entre los árboles, Chance podía comenzar a dar vueltas sin saber a ciencia cierta si avanzaba o retrocedía, si sus pasos lo acercaban o lo alejaban del lugar de donde había partido. Lo único importante era seguir su propio ritmo, como las plantas en su crecimiento”.

Cuando el anciano dueño fallece Chance debe dejar su hogar, al salir “afuera” se encuentra con un mundo ruidoso y desconocido, tal vez atosigado por la situación no vislumbra un auto que se dirige a él y lo atropella. La mujer que manejaba el auto, esposa de un magnate millonario, insiste en llevarlo a su casa para corroborar su estado. En este punto comienza la aventura: chance se convierte ahora en el señor Gardiner y comienza a vincularse con poderosos hombres de la economía y la política de EEUU, entre ellos el Presidente. Todos estos poderosos ven en la inocencia de este hombre un gran sujeto que utiliza la metáfora para hablar y explicar la vida, hay idas y vueltas y sobre todo malentendidos.

"- Creo que lo ha expresado usted muy bien, señor Gardiner. ¿No le molesta que lo llame Chauncey? ¡Un jardinero! ¿No es acaso la descripción perfecta del verdadero hombre de negocios? Alguien que hace producir la tierra estéril con el trabajo de sus propias manos, que la riega con el sudor de su frente y que crea algo valioso para su familia y para su comunidad. Sí, Chauncey, ¡qué excelente metáfora! Un hombre de negocios productivo es en verdad un trabajador en su propia viña.
Chauncey se sintió aliviado ante el entusiasmo de la respuesta de Rand; todo marchaba bien."


El jardín como metáfora del lugar seguro, con valores firmes, con ética humana y valor por el hombre como ser humano es una crítica burlona de la sociedad del consumo, de la apariencia, de la falta de compromiso. En el jardín se está presente, se toca, se ve crecer, se espera, se aguarda por la flor pero en el mundo de afuera no hay contacto ni se aguarda por el otro, sino que los deseos se imponen e importa menos aquello que se desea que la mera posesión vacía. Y en medio del jardín está la televisión como uno medio para acceder a una realidad a la que no parecemos pertenecer. “Todo en la pantalla aparecía en forma confusa y entremezclada, pero al mismo tiempo suavizada: el día y l anoche, lo grande y lo pequeño, lo flexible y lo quebradizo, lo suave y o áspero, el calor y el fría, lo cercano y lo distante. En ese mundo en colores de la televisión, la jardinería era como el bastón blanco de un ciego”

Cerca del final todos continúan con esta extraña fascinación frente al jardinero, el hombre brillante. Pero Chance sólo está ahí afuera añorando el adentro, ¿podrá volver al jardín? o mejor: ¿es posible volver al jardín cuando ya se ha estado afuera? Se trata de una novela breve, metafórica y por momentos risueña. Seguramente de ser más extensa resultaría redundante. Se escribió a principios de los 70 pero es actual, muy actual. Me entristece un poco sentir que todos vivimos en ese afuera y me alegra saber que es posible volver al jardín. Vuelvo cuando juego con mis hijos, cuando converso con mi madre, cuando amo, cuando abrazo a  mi hermana, cuando recuerdo a mi abuela, cuando río, cuando me encuentro sinceramente con otros.

Todos tenemos un jardín, hay que hacerlo florecer.




Fue convertida en película en la película Bienvenido Mr. Chance en 1979, dirigida por Hal Ashby y protagonizada por Peter Sellers.