La Casa y el Viento
Héctor Tizón
"El hombre
lejos de su casa
se convierte
en una llamada
sin respuesta"
La casa y el viento
es una novela profunda y silenciosa. Está llena de palabras, es cierto. Dice
mucho, también es cierto. Pero hay un silencio que la atraviesa, es un hombre
que camina y calla, que trata de olvidar aquello que es imposible sacar de la
memoria del corazón. El exilio hace que debamos ser nosotros en otro lugar,
arranca a un hombre de su casa, de su tierra y sólo le resta callar. El exilio
es imposible de definir y comprender por aquellos que siempre hemos estado en
el lugar que consideramos hogar, que no fuimos arrancados, obligados a irnos, a
hablar otro idioma, caminar otras calles, olvidar el barrio.
“siento que a medida que avanza el mes, el sol y mi vida disminuyen pero
en mis sueños se agrandan llenos de luz, de olores de cocina, de ruidos, de
risas agitadas como pájaros; de todo aquello a lo que debo las ganas de
salvarme, de seguir viviendo para recordar”
La novela cuenta la
historia de un hombre que va de pueblo en pueblo, como escapando y buscando al
mismo tiempo. Es un hombre desterrado, sin hogar ni retorno. Anda los caminos
con cierto aire de melancolía y levantando sospecha como cualquier forastero. En este
camino conoce gente que le brinda un plato de sopa, una cama improvisada, un
vaso de vino y algún mate lavado. Pocas veces conversa y nunca dice quien es.
Es una novela silenciosa porque este hombre no quiere contar, tal vez porque
cuando diga las palabras comience a recordar una historia que es del pasado y
ya no le pertenece. Anda huyendo del hombre que fue para encontrarse con el
hombre que es.
“Para esta gente soy casi un extranjero, nadie parece darse cuenta de que
busco su compañía porque vengo huyendo de otras. Siempre fue así. He buscado mi
vida a través de otros, delegándome, por temor a repetir los errores, creyendo
que eso era una forma de vivir sin riesgos, sabia y cautelosamente. ¿Pero esto
es posible? Nadie puede hacer otra vez nada, puesto que cada vez es diferente”
Tizón nació en
Salta, pero se crió y murió en Jujuy, en su querida Yala. Entre 1976 y 1982 se
exilió. Fue en ese último año que escribió “La casa y el viento”, como si fuera
una necesidad de encontrase con su tierra o como un relato de su vida fuera de
Yala. Un documento que cruza todas las fronteras y marca un límite entre él y
aquellos de los que alejaba. De alguna manera esto está presente en el inicio
de la novela cuando dice: “Desde que me negué a dormir entre
violentos y asesinos, los años pasan (…) pero antes de huir quería ver lo que
dejaba, cargar mi corazón de imágenes para no contar ya mi vida en años sino en
montañas, en gestos, en infinitos rostros; nunca en cifras sino en ternuras, en
furores, en penas y alegrías. La áspera historia de mi pueblo”
Tizón es un escritor
exquisito, de esos que es casi imposible quitarse de la piel. En sus
descripciones encontramos algo del paisaje que lo vio crecer, una letanía
norteña, la profundidad de los ancianos de pueblo que cuentan sus historias
aletargando el tiempo. Es un poeta y un filósofo porque no solo relata una
historia sino que comparte ideas. Habla de la vida de un hombre y de todos al
mismo tiempo, porque ¿quién no ha huido alguna vez?; ¿Quién no tuvo que irse
para encontrase?; ¿Quién no ha visto el paisaje árido y solitario y ha sentido
que es un cuadro de su propia vida?
Habla de la tierra
como un poeta de la mujer que ama: siempre perfecta, siempre pura, siempre en
presente. Porque a Tizón la tierra le duele, y también le duele cuando la
lastiman; y se niega, digna y enteramente, a habitarla junto a los que las
desprecian y asesinan. Por eso se va, para quedarse.
“los lugares distintos – la paz de los paisajes – no disipan los pesares,
sino el amor y la piedad. Observaba al viejo en silencio y era esto lo que
hubiera querido decirle – que acababa de descubrirlo yo también -: que todo lo
que nos confunde y angustia está fuera del hombre: el oro, los monumentos, el
poder: todo eso que también los malos y los imbéciles pueden alcanzar”
No te pierdas a
Tizón, no te pierdas la brillante manera en la que escribe; no te pierdas la
aventura sumergirte en sus páginas, ni sus ideas profundas sobre el hombre y la
tierra. Este libro me cautivó, me llenó de esperanza, me regaló una visión de
la vida que me guardo para siempre: hay
que soltar para encontrarse, vivir más ligero para andar más seguro.