lunes, 18 de noviembre de 2013

una casa, el viento y una búsqueda

La Casa y el Viento
Héctor Tizón




     


"El hombre 
lejos de su casa
se convierte 
en una llamada
sin respuesta"
                                                                                      
La casa y el viento es una novela profunda y silenciosa. Está llena de palabras, es cierto. Dice mucho, también es cierto. Pero hay un silencio que la atraviesa, es un hombre que camina y calla, que trata de olvidar aquello que es imposible sacar de la memoria del corazón. El exilio hace que debamos ser nosotros en otro lugar, arranca a un hombre de su casa, de su tierra y sólo le resta callar. El exilio es imposible de definir y comprender por aquellos que siempre hemos estado en el lugar que consideramos hogar, que no fuimos arrancados, obligados a irnos, a hablar otro idioma, caminar otras calles, olvidar el barrio.

“siento que a medida que avanza el mes, el sol y mi vida disminuyen pero en mis sueños se agrandan llenos de luz, de olores de cocina, de ruidos, de risas agitadas como pájaros; de todo aquello a lo que debo las ganas de salvarme, de seguir viviendo para recordar”

La novela cuenta la historia de un hombre que va de pueblo en pueblo, como escapando y buscando al mismo tiempo. Es un hombre desterrado, sin hogar ni retorno. Anda los caminos con cierto aire de melancolía y levantando  sospecha como cualquier forastero. En este camino conoce gente que le brinda un plato de sopa, una cama improvisada, un vaso de vino y algún mate lavado. Pocas veces conversa y nunca dice quien es. Es una novela silenciosa porque este hombre no quiere contar, tal vez porque cuando diga las palabras comience a recordar una historia que es del pasado y ya no le pertenece. Anda huyendo del hombre que fue para encontrarse con el hombre que es.

Para esta gente soy casi un extranjero, nadie parece darse cuenta de que busco su compañía porque vengo huyendo de otras. Siempre fue así. He buscado mi vida a través de otros, delegándome, por temor a repetir los errores, creyendo que eso era una forma de vivir sin riesgos, sabia y cautelosamente. ¿Pero esto es posible? Nadie puede hacer otra vez nada, puesto que cada vez es diferente

Tizón nació en Salta, pero se crió y murió en Jujuy, en su querida Yala. Entre 1976 y 1982 se exilió. Fue en ese último año que escribió “La casa y el viento”, como si fuera una necesidad de encontrase con su tierra o como un relato de su vida fuera de Yala. Un documento que cruza todas las fronteras y marca un límite entre él y aquellos de los que alejaba. De alguna manera esto está presente en el inicio de la novela cuando dice: “Desde que me negué a dormir entre violentos y asesinos, los años pasan (…) pero antes de huir quería ver lo que dejaba, cargar mi corazón de imágenes para no contar ya mi vida en años sino en montañas, en gestos, en infinitos rostros; nunca en cifras sino en ternuras, en furores, en penas y alegrías. La áspera historia de mi pueblo

Tizón es un escritor exquisito, de esos que es casi imposible quitarse de la piel. En sus descripciones encontramos algo del paisaje que lo vio crecer, una letanía norteña, la profundidad de los ancianos de pueblo que cuentan sus historias aletargando el tiempo. Es un poeta y un filósofo porque no solo relata una historia sino que comparte ideas. Habla de la vida de un hombre y de todos al mismo tiempo, porque ¿quién no ha huido alguna vez?; ¿Quién no tuvo que irse para encontrase?; ¿Quién no ha visto el paisaje árido y solitario y ha sentido que es un cuadro de su propia vida?
Habla de la tierra como un poeta de la mujer que ama: siempre perfecta, siempre pura, siempre en presente. Porque a Tizón la tierra le duele, y también le duele cuando la lastiman; y se niega, digna y enteramente, a habitarla junto a los que las desprecian y asesinan. Por eso se va, para quedarse.

los lugares distintos – la paz de los paisajes – no disipan los pesares, sino el amor y la piedad. Observaba al viejo en silencio y era esto lo que hubiera querido decirle – que acababa de descubrirlo yo también -: que todo lo que nos confunde y angustia está fuera del hombre: el oro, los monumentos, el poder: todo eso que también los malos y los imbéciles pueden alcanzar


No te pierdas a Tizón, no te pierdas la brillante manera en la que escribe; no te pierdas la aventura sumergirte en sus páginas, ni sus ideas profundas sobre el hombre y la tierra. Este libro me cautivó, me llenó de esperanza, me regaló una visión de la vida que me guardo para siempre: hay que soltar para encontrarse, vivir más ligero para andar más seguro.


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