domingo, 15 de diciembre de 2013

Javier Villafañe

Javier Villafañe
Antología
     Sudamericana - 2001


"Javier, 
venga con su teatro
 y sus títeres. 
Enséñeme ese oficio 
maravilloso. 
Así el día que me muera
 y vaya 
al cielo pueda
 entretener y 
divertir a los ángeles"

Gabriela Mistral






Javier Villafañe fue un poeta, un cuentista, un contador de historias, sobre todo un titiritero, fue el abuelo que todos queremos tener. Nació en Almagro en 1909, fue hijo de una madre soltera y estuvo ligado a la literatura desde pequeño. Cuenta en diferentes entrevistas que su madre les leía mucho, especialmente de “Las mil y una noches” y que desde muy pequeño creaba escenarios e improvisaba  obras de teatro y títeres  con sillas y sábanas viejas. 
Este libro es una selección de sus poesías, cuentos, obras de teatro, trabajos sobre títeres y otras recopilaciones de textos y autores. Refiriéndome en este blog a  “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano dije que era una trotamundos de la palabras y un recolector de historias mínimas, Villafañe también lo es. Un hombre que mira al mundo con amor y esperanza y se anima a recorrerlo y a tirarse de cabeza en las historias. Cada cuento y cada poesía encierran un mundo mágico en donde todo es posible: hay cucarachas que se quedan rengas, hay sapos que sueñan ser viento y caballo y río pero que cuando se despiertan siguen siendo sapos; hay historias de pájaros, leyendas y poesías de barcos guardados en botellas y amores que van de puerta en puerta. 
El mundo de Villafañe es enorme y maravilloso, uno puede entrar y sentirse cómodo al instante. Ha escrito para chicos y no tanto, pero para leerlo no importa la edad porque la belleza no tiene límites ni reglas. Planificó, creo y puso en marcha a “la andariega”, su carreta/móvil ambulante en la que trasladaba sus títeres y sus obras a todo el país llegando a Chile, Bolivia, Paraguay y Uruguay.
No se puede definir, fue un grande, un hombre que tuvo un amor y lo compartió, lo convirtió en un regalo para todos. Quiero terminar esta breve reseña con uno de los cuentos que más me gustan, suban a la andariega, anímense a este viaje único. 





LA JAULA
Nació con cara de pájaro. Tenía ojos de pájaro, nariz de pájaro. La madre cuando salió del hospital, la envolvió en una manta y le cubrió el rostro.
- ¿nena? – le preguntaban las vecinas
- Sí, nena –respondía la madre.
Y mostraba a la recién nacida envuelta en una manta desde la cabeza hasta las rodillas. Sólo se veían las piernas y unos escarpines color rosa.
- Que Dios se la guarde, señora.
- Gracias.
Cuando la niña fue a la escuela, las compañeras la llamaron La garza. Una vez, en un recreo, le dijeron:
- Volá.
Y ella lloró.
Nació con cara de pájaro. Tenía ojos de pájaro, nariz de pájaro. La madre, cuando salió del hospital, lo envolvió en una manta y le cubrió el rostro
- Que Dios se lo guarde, señora.
- Gracias.
Cuando el niño fue a la escuela, los compañeros lo llamaron El cuervo. Una vez, en un recreo, le dijeron:
- Volá.
El apretó los puños y lloró.
Ni ella ni él volvieron a mirarse en un espejo. Se miraban en la pared cuando tenían que peinarse.
Ella no salía de su casa. Le ayudaba a coser a su madre.
El no salía de su casa. Le ayudaba a hacer el pan a su padre.
Una vez, ella fue a un baile de Carnaval disfrazada de Colombina. Llevaba zapatos de raso y una antifaz blanco. El fue al mismo baile disfrazado de Pierrot. Llevaba zapatos de charol y un antifaz negro.
Pierrot bailó con Colombina. Colombina sintió la mano de Pierrot que le acariciaba el cuello. Pierrot sintió la mano de Colombina que le apretaba la mano. Colombina y Pierrot salieron del baile tomados del brazo. Una pared los detuvo. Ninguno de los dos se animaba a quitarse el antifaz. Oían la música de la orquesta. Se acariciaban las manos. Ella fue más valiente; se sacó el antifaz y dijo:
- Esta es mi cara.
Él se sacó el antifaz y dijo:
- Esta es mi cara.
Se quedaron mirándose un largo rato y se besaron. Volvieron a ponerse el antifaz y siguieron bailando.
Un mes después se casaron. Nueve meses después tuvieron un hijo.
El llegó a la casa con una jaula.
- ¿Qué es eso? –Preguntó ella.
- La cuna –respondió él.
Ella entró en la jaula con el hijo en brazos. Después entró él y cerró la puerta. Los tres se quedaron en la jaula, y fueron muy felices. Cantaban y se abrazaban con las alas.

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