jueves, 19 de diciembre de 2013

El Adversario

El adversario
Emmanuel Carrére
Anagrama


Elegir la propia máscara
 es el primer gesto 
voluntario humano. 
Y es solitario.
Clarice Lispector















El 9 de enero de 1993 una noticia estremece a Francia, Jean-Claude Romand asesina a sus padres, su esposa y sus dos hijos e intenta, sin éxito, suicidarse. Romand es un prestigioso médico y un padre, hijo y esposo ejemplar. Era un modelo de hombre para sus vecinos, un amigo fiel,  un hombre perfecto. Pero la perfección no existe. Cuando comienza la investigación por la muerte de los familiares aparece una vida de mentiras y secretos. Romand no era médico, nunca había pasado de rendir un final pero había logrado engañar a sus padres para que le mantengan todos los años de estudio, también engañó a sus compañeros, amigos y a su esposa e hijos. Todos creían que era un hombre que nunca fue ni sería.
  
Durante 20 años vivió una mentira, se levantó cada mañana, desayunó y despidió a su familia para ir a trabajar pero en cambio se quedaba encerrado en un departamento alquilado en las afueras de su ciudad. Había establecido como norma no hablar del trabajo en casa, de no ser llamado a la oficina. Tenía una mentira estructurada y organizada, se encargaba de administrar los ahorros de sus padres y suegros en cuentas que tenía en el exterior, cuando en realidad era el dinero con el que  mantenía su nivel de vida. Pero llegó un día en que la mentira comenzó a derrumbarse, los familiares comenzaron a solicitar su dinero y él no supo que responder, la esposa debió comunicarse urgente con él y no existía ningún empleado con su nombre en la empresa que, supuestamente, había trabajado desde hacía más de 15 años. Siempre supo que este día llegaría pero creyó que el final sería su suicidio y no en el asesinato de toda su familia.


No volver nunca, desaparecer. El escándalo estallaría al cabo de pocas horas, pero él no estaría allí para presenciar el hundimiento de su familia y afrontar sus miradas. Tal vez pudiera hacerse pasar por muerto, hacer creer que se había suicidado. No habría cadáver, pero si abandonaba el coche, con una nota de adiós, cerca de un precipicio de una montaña… Declarado muerto, estaría realmente fuera de alcance. El problema era que seguiría vivo y que solo, aun con el dinero, no sabría que hacer con su vida. Despojarse de la piel del Doctor Romand equivaldría a encontrarse sin piel, más que desnudo: desollado

Ahora llega lo más horroroso, esta no es una novela de ficción sino un hecho verídico que Emmanuel Carrére publica bajo la denominación genércia de non fiction, también conocido como novela testimonio que se caracteriza por presentar hechos reales pero con alto contenido subjetivo y de opinión manifestado de manera explícita. El padre de este género es Rodolfo Walsh con su magnífica “Operación masacre” y otro ejemplo clásico es “A sangre fría” de Truman Capote. Cuando las historias reales son tan terribles este género nos permite leerlo son tanto horror.

Carrére conoce la historia a través de la prensa y decide enviarle una carta a la cárcel consultando sobre la posibilidad de escribir su historia. Romand le escribe con una tranquilidad inquietante. Luego de varios años de lectura de los legajos, de cartas y de entrevistas y conversaciones con amigos y conocidos decide emprender la escritura. Carrére como escritor está presente en la obra desde la primera persona, es un testigo de lo que narra, no puede desprenderse de la historia y del horror y el misterio que le causa este asesino. Incluso al finalizar la novela se presentan dos cartas, una de Carrére y Romand y su respectiva respuesta.¿Se puede vivir toda una vida de mentiras? ¿Hasta donde las máscaras son soportables? ¿A quien se le miente, a los demás o a nosotros mismos?

Carrére es un magnifico escritor, nos lleva por esta historia haciéndonos olvidar que se trata de un caso real para que podamos sostener la lectura frente al horror de un hombre que un día se levanto y mató a sus hijos luego de prepararles el desayuno, un hombre que mientras leemos esta novela sigue cumpliendo su condena.


¿Te imaginas quizá que llevo otra careta y que esto...
esto... mi cara es una máscara?

Gastón Leroux




no la vi, pero está la película

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Auster

PAUL AUSTER
Poesía completa
Seix Barral 2012



Sentirte separado del lenguaje es perder tu propio cuerpo.
Cuando las palabras te fallan, te disuelves en una imagen de la nada. Desapareces












 Paul Auster ha aparecido en varias oportunidades. ¿Para qué disimular? soy de esas lectoras que esperan que se publique su último libro, de las que lo compran apenas ha salido, soy de las que esperan con entusiasmo el momento de iniciar la historia, que se encariña con sus personajes y se reconoce en muchas de sus características. Me fascina Paul Auster, sus libros, tan diferentes entre si; sus personajes, tan complejos con cualquiera de nosotros. No hace mucho tiempo que descubrí su poesía, incluso la edición de su poesía completa tiene 1 año en argentina (hermosamente bilingüe, respetando el poder del lenguaje). Cuando empecé a visitar blogs y páginas web donde se publicaban reconocí a mi Paul Auster preferido, al más profundo y melancólico. Son poesías introspectivas, privadas pero a la vez universales. Pienso que la poesía en general es una traducción de la propia vida de los poetas, creo que nos traduce y nos dice a nosotros mismos, por eso es que no concibo  la vida sin poesía, me la imagino como un lugar oscuro y callado, como un abismo sin sentido. La poesía es el mundo, es el viento, son las hojas de los árboles que vuelan libres sin destino ni preocupación. Estoy convencida que hay sensaciones que no pueden expresarse de otra forma que no sea poéticamente.

En una entrevista que le hacen a Auster en 2003 señala: “De algún modo me arrinconé con la poesía. Sentía que me repetía, no podía más. Trataba de limitar los elementos. Quería que fueran a lo esencial: poemas como puños. Con el tiempo se abrieron, ganaron aire, se hicieron más narrativos y luego de Espacios blancos, de 1979, volví a la ficción, que había practicado entre los 19 y los 23 años”. Él cree que la poesía es su mejor literatura y yo no lo voy a contradecir. Me gusta que la poesía diga breve pero contundentemente, que no deje espacios para los suspiros, que haya que respirar rápido y profundo cuando lo que leemos nos conmueve el alma.

Estamos terminando el año y hoy tenía ganas de no decir mucho para dejar que diga la poesía. Que lo disfruten y que sumerjan su alma en el amor.

Incendiario

Horas de pedernal. 
Muda extensión de piedras a nuestro alrededor,
Corazón contra corazón, nosotros,
en la balsa de juncos
que supura
contra el húmedo lapso de la noche.
No queda nada. El ojo frío
se abre al frío,
mientras una imagen de fuego
se abre paso a bocados
por la palabra
que pelea en tu boca. El mundo
es
cuanto le dejas, es sólo
en el mundo
que mi cuerpo penetra: ese lugar
donde  falta de todo.


En memoria de mi mismo

Sencillamente haberme detenido.

Como si pudiera empezar
donde mi voz se ha detenido, yo mismo
el sonido de una palabra

que no puedo decir.

Tanto silencio
vuelto a la vida
en esta pensativa carne, en este rítmico
tambor interior de palabras:
tantas palabras
perdidas en el ancho del mundo
de mi interior, y de ese modo haber sabido
que a pesar de mi mismo
estoy aquí.
Como si esto fuera el mundo.


domingo, 15 de diciembre de 2013

Javier Villafañe

Javier Villafañe
Antología
     Sudamericana - 2001


"Javier, 
venga con su teatro
 y sus títeres. 
Enséñeme ese oficio 
maravilloso. 
Así el día que me muera
 y vaya 
al cielo pueda
 entretener y 
divertir a los ángeles"

Gabriela Mistral






Javier Villafañe fue un poeta, un cuentista, un contador de historias, sobre todo un titiritero, fue el abuelo que todos queremos tener. Nació en Almagro en 1909, fue hijo de una madre soltera y estuvo ligado a la literatura desde pequeño. Cuenta en diferentes entrevistas que su madre les leía mucho, especialmente de “Las mil y una noches” y que desde muy pequeño creaba escenarios e improvisaba  obras de teatro y títeres  con sillas y sábanas viejas. 
Este libro es una selección de sus poesías, cuentos, obras de teatro, trabajos sobre títeres y otras recopilaciones de textos y autores. Refiriéndome en este blog a  “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano dije que era una trotamundos de la palabras y un recolector de historias mínimas, Villafañe también lo es. Un hombre que mira al mundo con amor y esperanza y se anima a recorrerlo y a tirarse de cabeza en las historias. Cada cuento y cada poesía encierran un mundo mágico en donde todo es posible: hay cucarachas que se quedan rengas, hay sapos que sueñan ser viento y caballo y río pero que cuando se despiertan siguen siendo sapos; hay historias de pájaros, leyendas y poesías de barcos guardados en botellas y amores que van de puerta en puerta. 
El mundo de Villafañe es enorme y maravilloso, uno puede entrar y sentirse cómodo al instante. Ha escrito para chicos y no tanto, pero para leerlo no importa la edad porque la belleza no tiene límites ni reglas. Planificó, creo y puso en marcha a “la andariega”, su carreta/móvil ambulante en la que trasladaba sus títeres y sus obras a todo el país llegando a Chile, Bolivia, Paraguay y Uruguay.
No se puede definir, fue un grande, un hombre que tuvo un amor y lo compartió, lo convirtió en un regalo para todos. Quiero terminar esta breve reseña con uno de los cuentos que más me gustan, suban a la andariega, anímense a este viaje único. 





LA JAULA
Nació con cara de pájaro. Tenía ojos de pájaro, nariz de pájaro. La madre cuando salió del hospital, la envolvió en una manta y le cubrió el rostro.
- ¿nena? – le preguntaban las vecinas
- Sí, nena –respondía la madre.
Y mostraba a la recién nacida envuelta en una manta desde la cabeza hasta las rodillas. Sólo se veían las piernas y unos escarpines color rosa.
- Que Dios se la guarde, señora.
- Gracias.
Cuando la niña fue a la escuela, las compañeras la llamaron La garza. Una vez, en un recreo, le dijeron:
- Volá.
Y ella lloró.
Nació con cara de pájaro. Tenía ojos de pájaro, nariz de pájaro. La madre, cuando salió del hospital, lo envolvió en una manta y le cubrió el rostro
- Que Dios se lo guarde, señora.
- Gracias.
Cuando el niño fue a la escuela, los compañeros lo llamaron El cuervo. Una vez, en un recreo, le dijeron:
- Volá.
El apretó los puños y lloró.
Ni ella ni él volvieron a mirarse en un espejo. Se miraban en la pared cuando tenían que peinarse.
Ella no salía de su casa. Le ayudaba a coser a su madre.
El no salía de su casa. Le ayudaba a hacer el pan a su padre.
Una vez, ella fue a un baile de Carnaval disfrazada de Colombina. Llevaba zapatos de raso y una antifaz blanco. El fue al mismo baile disfrazado de Pierrot. Llevaba zapatos de charol y un antifaz negro.
Pierrot bailó con Colombina. Colombina sintió la mano de Pierrot que le acariciaba el cuello. Pierrot sintió la mano de Colombina que le apretaba la mano. Colombina y Pierrot salieron del baile tomados del brazo. Una pared los detuvo. Ninguno de los dos se animaba a quitarse el antifaz. Oían la música de la orquesta. Se acariciaban las manos. Ella fue más valiente; se sacó el antifaz y dijo:
- Esta es mi cara.
Él se sacó el antifaz y dijo:
- Esta es mi cara.
Se quedaron mirándose un largo rato y se besaron. Volvieron a ponerse el antifaz y siguieron bailando.
Un mes después se casaron. Nueve meses después tuvieron un hijo.
El llegó a la casa con una jaula.
- ¿Qué es eso? –Preguntó ella.
- La cuna –respondió él.
Ella entró en la jaula con el hijo en brazos. Después entró él y cerró la puerta. Los tres se quedaron en la jaula, y fueron muy felices. Cantaban y se abrazaban con las alas.