jueves, 23 de enero de 2014

Las ciudades invisibles

Las ciudades invisibles
Italo Calvino
Edit. siruela



Las  ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque (…) pero estos trueques no son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos”









“Las ciudades invisibles”  de Italo Calvino relata  y caracteriza a diferentes ciudades, todas ellas imaginarias, por las que han andado algunos caminantes muy particulares. Son relatos de viaje que Marco Polo comparte con Kublai Kan, el Emperador de los tártaros.  Cada una de estas ciudades tiene el nombre de una mujer y a la presentación que se hace de ellas le antecede un relato  Marco Polo y Kublai Kan en el que  se reflexiona y comenta sobre  sus experiencias, vivencias, miedos y sabidurías.

“-¿Viajas para revivir tu pasado? – era en ese momento la pregunta del Kan, que también podía formularse así: ¿viajas para encontrar tu futuro?
Y la respuesta de Marco:
- El otro lado es un espejo en negativo. El viajero reconoce lo poco que es suyo al descubrir lo mucho que no ha tenido y no tendrá

En este libro encontramos las ciudades y los miedos, la memoria, el deseo, los signos. Las ciudades y la muerte y el cielo. Están las ciudades sutiles, las escondidas y las continuas. Cada una con su nombre, por ejemplo Isadora, esta es una de las ciudades y la memoria, es una ciudad  con la que todo hombre sueña, pero los sueños guardan peligros y a veces, cuando se cumplen, toman sus propias decisiones:        

“Al hombre que cabalga largamente por tierras agrestes le asalta el deseo de una ciudad. Finalmente llega a Isadora, ciudad donde los palacios tienen escaleras de caracol incrustadas de caracolas marinas, donde se fabrican con todas las reglas del arte catalejos y violines, donde cuando un forastero está indeciso entre dos mujeres siempre encuentra una tercera, donde las peleas de gallo degeneran en riñas sangrientas entre los que apuestan. En todas estas cosas pensaba el hombre cuando deseaba una ciudad. Isadora es, pues, la ciudad de sus sueños: con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isadora llega a edad avanzada. En la plaza hay un murete desde donde los viejos miran pasar a la juventud: el hombre está sentado en fila con ellos. Los deseos ya son recuerdos.”                                                                                                                                                                           

Italo Calvino es un escritor curioso, valiente, innovador,  vanguardista.  Es difícil catalogarlo genéricamente,  se escapa a todas las clasificaciones y le pide, implícitamente, a su lector que despliegue su tarea con la misma libertad. Las ciudades invisibles puede leerse salteando, eligiendo, seleccionando y les recomiendo: en voz alta. Como un viaje donde uno realiza su propio recorrido, va optando las paradas y los parajes. Las ciudades que recorren Marco y Kan son  ciudades que aparecen en nuestras vidas, las ciudades que se acercan temerosas a la muerte, las que nombran a las cosas y proponen fantasías, las que enamoran locamente a sus visitantes o la ciudad que se esconde bajo los signos y que grita en silencio aquello que dicho en voz alta duele un poco.  Luego de recorrer tantas ciudades Kan y Marco dialogan sobre el futuro del mundo y de los hombres. El Kan está ansioso por saber el destino de que ciudad forjará su futuro, le pregunta incluso por aquellas ciudades que aún no conoce o que ni siquiera están fundadas o descubiertas. El Kan teme que la ciudad del final de los tiempos sea una ciudad infernal y le dice:

“- Todo es inútil, si el último fondeadero no puede sino ser la ciudad infernal, y donde, allí en el fondo, en una espiral cada vez más cerrada, nos absorbe la corriente.
Y Polo (contesta):
- El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quien y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio


No es tarde para desearles un feliz año nuevo, que este año nos traiga 365 ciudades para visitar y recorrer. Que en ellas encontremos el amor, los desafíos, las ganas y el deseo. Que encuentren aquello que no es infierno en el infierno y que le permitan entrar y quedarse.

Felicidades y amor, mucho amor.