jueves, 31 de octubre de 2013

Matar al Padre

MATAR AL PADRE

Amélie Nothomb

Anagrama  2013


               
 Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que,de ahora en adelante, ya no podré creer en ti

F.  Nietzsche









En “Matar al padre”,  la última novela de Amélie Nothomb, encontramos mucho de lo que se reitera en su obra: la resignación y la obstinación conviviendo en un ser humano; esa capacidad de ir hasta las últimas consecuencias como si no hubiese nada luego, tal vez porque no lo hay. Un adolescente o joven de los ’90 (como muchos de sus personajes) que encarna esta dualidad de desear algo con todas las fuerzas pero a la vez sentirse natural e irremediablemente vencido. Esta novela también comparte con las demás un hipnotismo en la lectura, un laberinto en donde parecen estar todos perdidos y no queda claro si existe la salida.  Y está también la figura de la misma escritora, siempre presente en la imagen de las tapas y de alguna manera como iniciadora del relato. Aparece su nombre en el centro de escena, como un gran movimiento egocéntrico que la pone en la primera página y no logramos despegarla hasta el final. Es la Nothomb la que escribe y lo deja claro.

Joe Whip es un adolescente de 14 años que vive con su madre, su  padre no está o peor aún, está su ausencia. Joe pregunta por él y su madre, Cassandra, le contesta: “Me abandonó cuando tú naciste. Los hombres son así”. Vive en medio de culpas, abandonos y desprecios por parte de su madre y sus múltiples amantes. Un día llega a la vida de Cassandra otro Joe, un hombre que le importa y siente que se quedara para siempre, es así que por pedido de este Joe adulto y amante echa de su casa a Joe hijo, le promete que le enviará U$S 1.000 por mes, suma que sirve más para alivianar su conciencia materna que para vivir sin trabajo, ni hogar ni comida.  Se encuentra entonces más solo que nunca, sin rumbo ni destino, lo único que le queda es su bolso con algo de ropa y sus elementos de magia. Es ese mismo día que su vida comienza y decide no detenerse hasta ser un gran mago.

Sobrevive  haciendo trucos sencillos en un bar cercano a Las Vegas, llega un hombre cualquiera y advierte la habilidad innata de sus manos, su inteligencia para los trucos y las tramas. Le promete entonces que lo ayudará a convertirse en el más prestigioso hombre de magia y para esto lo lleva a la casa de Norman Terence, pero no lo presenta ni lo prepara, sino que simplemente lo deja a allí en el umbral, abandonado otra vez por un hombre.

el objetivo de la magia es lograr que el otro llegue a dudar de la realidad”

Terence, famoso por ser el mejor mago de EEUU, y su esposa  lo alojan como a un hijo y vivirá con ellos varios años. Aprenderá los movimientos, los secretos y las trampas, y se irá convirtiendo en hombre, en mago y en bribón. Christina, la esposa de Norman, será más que una madre para Joe, será el objeto de sus deseos y por ella tramará un plan que pondrá en peligro su vínculo con ese padre adoptivo. Pero no importa, ya ha perdido muchos padres.

El libro es por momentos una versión del complejo de Edipo, una forma o una excusa para matar a los padres y desear sin culpas. Para Joe matar al padre (cualquier sea) es una necesidad, un deseo, una orden, un pedido y finalmente, su destino. Y sin embargo hay una figura paterna que lo sostiene y lo ubica en el lugar que ocupa, una especie de padre que no está pero lo llena y ahoga con su presencia.

“Matar al padre” es una novela breve, llena de temores y obsesiones. De sarcasmo y cinismo. De padres,  madres, hijos y vínculos eternos.

“Que mi destino siga su curso, vaya donde vaya”.

Edipo Rey

miércoles, 30 de octubre de 2013

el viejo y el mar

El viejo y el mar

Ernest Hemingway




Un hombre puede ser destruido,
pero nunca derrotado














¿Qué pasa en la cabeza y en el corazón de un pescador que no pesca? ¿Qué sucede con esas manos que no tocan pez alguno? ¿Es aún un pescador? ¿Un hombre sigue viviendo si eso que espera y busca y necesita no llega?

“Tal vez yo no debiera ser pescador, pero para eso he nacido”

Santiago es un pescador ya anciano que hace 84 días que no pesca. Siente que  esa ausencia, que ese anzuelo vacío le cuesta su dignidad. Teme que se pierda todo respecto por él y sufre por ser el pescador que no pesca.  Por eso decide partir a la mar, entrar al mundo acuático para salir de allí únicamente con un pez en su embarcación. Debía volver como pescador o no volver. Era un viaje, un propósito, una excusa y un ultimátum. Era su vida la que se embarcaba.  “El viejo y el mar” es la historia simple de un hombre, de sus recuerdos y de la vida. Para este hombre la mar (como lo llama) es un hogar eterno, es el lugar donde él es.


“Decía siempre la mar. Así es como dicen en español cuando la quieren. A veces los que la quieren hablan mal de ella, pero lo hacen siempre como si fuera una mujer (…) pero el viejo lo concebía siempre como perteneciente al género femenino y como algo que concedía o negaba grandes favores, y si hacía cosas perversas y terribles era porque no podía remediarlo. La luna, pensaba, le afectaba lo mismo que a una mujer”


Como si fuera un destino irrefutable Santiago captura su ansiado pez, es un pez enorme, bello y complejo, un poco como su vida. Un pez que se niega a ser atrapado y lucha con todas sus fuerzas. Finalmente logra apresarlo, pero en medio del camino de regreso se cruza con tiburones feroces y hambrientos. ¿Podrá con ellos también? ¿Llegará a la costa con su trofeo?

entonces empezó a sentir lástima por el gran pez. Que había enganchado. Es maravilloso y extraño, y quién sabe qué edad tendrá, pensó. Jamás he cogido un pez tan fuerte, ni que se comportara de un modo tan extraño… no puede saber que no hay más que un hombre contra él ni que este hombre es un anciano…me pregunto si tendrá algún plan o si estará, como yo, en la desesperación”

          Cuentan que ese pescador existió y que Hemingway lo conoció en un bar en Cuba. Estaba allí escribiendo una crónica para el diario que trabajaba, crónica que terminó siendo esta novela. Ese bar tiene una mesa que aún hoy está siempre reservada para Ernest Hemingway.

Esta novela me gusta porque no ostenta, porque cuenta la historia de un hombre que se enfrenta con su destino. Un hombre común, un anciano que ha pasado toda su vida siendo un pescador, que no sabe o no quiere o no puede ser otra cosa. Que su vida está en el bote y en las historias que comparte en el bar con los otros pescadores. Pero sobre todo es un hombre que mira al pasado sin resignación ni pesimismo, pero si con una nostalgia romántica que hace que su vida se mueva al ritmo del mar.
“El mar es dulce y hermoso. Pero puede ser cruel, y se encoleriza tan súbitamente que esos pájaros que vuelan picando y cazando, con sus tristes vocecillas, son demasiado delicados para la mar


Más allá de la historia y la magnífica manera en la que Hemingway nos la relata, este libro es muy especial porque cautivó a mi madre, tanto que lo leyó completo. Y fue una felicidad. Ante mi insistente “lee algo mamá” o “dale, llevate este libro que te va a gustar” fue este viejo pescador el que logró seducirla. Ella siempre me pregunta ¿por qué queres que lea?  Y  yo siempre le respondo: para ser feliz.


Después empezó a soñar con la larga playa amarilla y vio el primero de los leones que descendían a ella al anochecer. Y luego vinieron los otros leones. Y él apoyó la barbilla sobre la madera de la proa del barco que allí estaba fondeando sintiendo la vespertina brisa de tierra y esperando a ver si venían más leones  Y era feliz

lunes, 28 de octubre de 2013

Dragón

DRAGÓN
Gustavo Roldán
Ilustraciones Luis Scafati
Edit. Sudamericana – 1997






  
"En un mundo donde se derrumban los valores,  todavía —creo, quiero creer—,
todavía quedan los libros como
un baluarte de la dignidad.
Un libro es una llave,
es una puerta que puede abrirse,
es una habitación donde se encuentra
lo que no se debe saber,
es un ámbito de conocimiento
de la verdad y de lo prohibido,
que deja marcas que
         después no se pueden borrar”             




Empecemos rompiendo con el prejuicio de que hay literatura para niños y para adultos, dejémonos atravesar por los personajes y las historias para disfrutar de la literatura sin importar cuantos años tengamos. La literatura es disfrute y para eso,  por suerte, no hay edad. Respecto a esto dijo Roldán en una nota para la Revista Ñ: “Las obras tienen que ser para todos, no tiene que haber dos literaturas (…) me crié en el monte escuchando historias y no había una diferencia: si había un grande, era para grandes, si había un chico, era para chicos” (Revista Ñ “¿La literatura infantil es literatura?” el 16 de marzo de 2011)

Nació el 16 de agosto de 1935, en Sáenz Peña, provincia de Chaco y murió a los 76 años en 2012. Sus cuentos están impregnados de la geografía del lugar, el monte, los animales y el clima se comparten como una fiesta o un baile, con alegría y fervor, pero con la inocencia de que esa felicidad puede durar para siempre. Pero hablemos de Dragón, de este exquisito libro que además de los textos de Roldán cuenta con las ilustraciones de (nada menos!) Luis Scafatti. En este libro encontramos la vida y las historias de los dragones. Es un libro de relatos y de poemas, de maravillas: es un tesoro.  Los dragones temen, sufren, se alegran, bailan, nos bendicen pero también nos maldicen.  Igual que los hombres se enamoran y sienten que el mundo se mueve al ritmo de su corazón, que un suspiro puede cambiar el rumbo del viento y que no hay nada que sea más importante que su amor:


Amor de Dragón
Cuando los dragones se aman se desatan los maremotos, los volcanes lanzan un fuego endemoniado y los huracanes largan una furia que hace pensar que ha llegado el fin del mundo. Por eso a veces, para amarse sin molestar a nadie, vuelan hasta el cielo más alto, donde las estrellas casi están al alcance de la mano. Y los dragones creen que el mundo queda en calma. pero se equivocan. Entonces caen rayos y centellas, el cielo parece desplomarse con truenos aterradores, las estrellas fugaces y los cometas de largas colas luminosas corren de un lado para el otro sembrando el pavor, y los tornados enfurecidos se tragan medio mundo. O la luna o el sol parecen borrarse lentamente en el cielo y todos dicen que hay un eclipse, dando minuciosas explicaciones de cómo la tierra se coloca entre el sol y la luna o la luna delante del sol y etcétera etcétera. Vanas explicaciones. Las dicen los que nunca miran bien. Si mirasen bien verían claramente la figura de dos dragones que se aman y que van tapando la luz de los astros según se acerquen o se alejen. Cada vez que alguien piense que está llegando el fin del mundo sólo tiene que abrir los ojos de mirar bien. Los ojos grandes de mirar lejos. Y no creer en tonteras. Pero eso no es nada fácil.

Estos dragones de Roldán son como los hombres y mujeres que más me gustan: los que viven intensamente, los que vencen el miedo, los que intentan siempre sin importar el desafío, los que arremeten y vuelan alto pero no dejan nunca de mirar abajo. Los que leen los cuentos en voz alta, imitando a los personajes y mueven el cuerpo acompañando la historia. Me gustan los que son niños cuando leen y los que les leen a los niños, porque el mundo se hace más ancho y más profundo y podemos vivir otras vidas y soñar otros sueños. Roldán me hace niña de nuevo, con sus sapos, sus piojos y sus dragones. Me ayudó a sacarme la estúpida vergüenza de leer bajito y disimuladamente y me regaló un secreto: un cuento cuando es compartido es un mejor cuento, un hombre que lee puede sanarse y un niño al que le leen se acerca más a la felicidad. 
Gracias Don sapo por ser tan sabio y compartirlo!


            Bendición de dragón     

Que las lluvias que te mojen sean suaves y cálidas.
Que el viento llegue lleno del perfume de las flores.
Que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras navegar.
Que las nubes cubran el sol cuando estés solo en el desierto.
Que los desiertos se llenen de árboles cuando los quieras atravesar. O que encuentres esas plantas mágicas que guardan en su raíz el agua que hace
Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia.
Qué nunca te falte el fuego.
Que nunca, te falte el agua.
Que nunca te falte el amor.
Tal vez el fuego se pueda prender.
Tal vez el agua pueda caer del cielo.
Si te falta el amor no hay agua ni que alcancen para seguir viviendo.

sábado, 12 de octubre de 2013

una poesía y una canción


una poesía, una canción y un montón de sensaciones, recuerdos, miedos, deseos y secretos que no puedo escribir ni decir. 

No hay puertas

Con arenas ardientes que labran una cifra de fuego sobre el tiempo,  con una ley salvaje de animales que acechan el peligro desde su madriguera,
con el vértigo de mirar hacia arriba,
con tu amor que se enciende de pronto como una lámpara en medio de la noche, con pequeños fragmentos de un mundo consagrado para la idolatría, con la dulzura de dormir con toda tu piel cubriéndome el costado del miedo,
a la sombra del ocio que abría tiernamente un abanico de praderas celestes, hiciste día a día la soledad que tengo.
Mi soledad está hecha de ti.
Lleva tu nombre en su versión de piedra,
en un silencio tenso donde pueden sonar todas las melodías del infierno; camina junto a mí con tu paso vacío,
y tiene, como tú, esa mirada de mirar que me voy más lejos cada vez, hasta un fulgor de ayer que se disuelve en lágrimas, en nunca.
La dejaste a mis puertas como quien abandona la heredera
de un reino del que nadie sale y al que jamás se vuelve.
Y creció por sí sola,
alimentándose con esas hierbas que crecen en los bordes del recuerdo y que en las noches de tormenta producen espejismos misteriosos, escenas con que las fiebres alimentan sus mejores hogueras.
La he visto así poblar las alamedas con los enmascarados que inmolan al amor -personajes de un mármol invencible, ciego y absorto como la distancia-, o desplegar en medio de una sala esa lluvia que cae junto al mar, lejos, en otra parte,
donde estarás llenando el cuenco de unos años con un agua de olvido.
Algunas veces sopla sobre mí con el viento del sur
un canto huracanado que se quiebra de pronto en un gemido
en la garganta rota de la dicha, 

o trata de borrar con un trozo de esperanza raída
ese adiós que escribiste con sangre de mis sueños en todos los cristales para que hiera todo cuanto miro.
Mi soledad es todo cuanto tengo de ti.
Aúlla con tu voz en todos los rincones.
Cuando la nombro con tu nombre
crece como una llaga en las tinieblas.
Y un atardecer levantó frente a mí
esa copa del cielo que tenía un color de álamos mojados
y en la que hemos bebido el vino de la eternidad de cada día,
y la rompió sin saber, para abrirse las venas,
para que tú nacieras como un dios de su espléndido duelo.
Y no pudo morir y su mirada era la de una loca.
Entonces se abrió un muro y entraste en este cuarto con una habitación que no tiene salidas
y en la que estás sentado, contemplándome, en otra soledad
semejante a mi vida.