DRAGÓN
Gustavo Roldán
Ilustraciones Luis Scafati
Edit. Sudamericana – 1997
"En un mundo donde se derrumban los valores,
todavía —creo, quiero creer—,
todavía quedan los libros como
un baluarte de la dignidad.
Un libro es una llave,
es una puerta que puede abrirse,
es una habitación donde se encuentra
lo que no se debe saber,
es un ámbito de conocimiento
de la verdad y de lo prohibido,
que deja marcas que
después no se pueden borrar”
Empecemos rompiendo con el prejuicio
de que hay literatura para niños y para adultos, dejémonos atravesar por los
personajes y las historias para disfrutar de la literatura sin importar cuantos
años tengamos. La literatura es disfrute y para eso, por suerte, no hay edad. Respecto a esto dijo
Roldán en una nota para la Revista Ñ: “Las obras tienen que ser para todos, no
tiene que haber dos literaturas (…) me crié en el monte escuchando historias y
no había una diferencia: si había un grande, era para grandes, si había un
chico, era para chicos” (Revista Ñ “¿La literatura infantil es
literatura?” el 16 de marzo de 2011)
Nació el 16 de agosto de 1935, en
Sáenz Peña, provincia de Chaco y murió a los 76 años en 2012. Sus cuentos están
impregnados de la geografía del lugar, el monte, los animales y el clima se
comparten como una fiesta o un baile, con alegría y fervor, pero con la
inocencia de que esa felicidad puede durar para siempre. Pero hablemos de
Dragón, de este exquisito libro que además de los textos de Roldán cuenta con
las ilustraciones de (nada menos!) Luis Scafatti. En este libro encontramos la
vida y las historias de los dragones. Es un libro de relatos y de poemas, de
maravillas: es un tesoro. Los dragones
temen, sufren, se alegran, bailan, nos bendicen pero también nos maldicen. Igual que los hombres se enamoran y sienten
que el mundo se mueve al ritmo de su corazón, que un suspiro puede cambiar el
rumbo del viento y que no hay nada que sea más importante que su amor:
Amor de Dragón
Cuando los dragones se aman se desatan los maremotos, los
volcanes lanzan un fuego endemoniado y los huracanes largan una furia que hace
pensar que ha llegado el fin del mundo. Por eso a veces, para amarse sin
molestar a nadie, vuelan hasta el cielo más alto, donde las estrellas casi
están al alcance de la mano. Y los dragones creen que el mundo queda en calma.
pero se equivocan. Entonces caen rayos y centellas, el cielo parece desplomarse
con truenos aterradores, las estrellas fugaces y los cometas de largas colas
luminosas corren de un lado para el otro sembrando el pavor, y los tornados
enfurecidos se tragan medio mundo. O la luna o el sol parecen borrarse
lentamente en el cielo y todos dicen que hay un eclipse, dando minuciosas
explicaciones de cómo la tierra se coloca entre el sol y la luna o la luna
delante del sol y etcétera etcétera. Vanas explicaciones. Las dicen los que
nunca miran bien. Si mirasen bien verían claramente la figura de dos dragones
que se aman y que van tapando la luz de los astros según se acerquen o se
alejen. Cada vez que alguien piense que está llegando el fin del mundo sólo
tiene que abrir los ojos de mirar bien. Los ojos grandes de mirar lejos. Y no
creer en tonteras. Pero eso no es nada fácil.
Estos
dragones de Roldán son como los hombres y mujeres que más me gustan: los que
viven intensamente, los que vencen el miedo, los que intentan siempre sin
importar el desafío, los que arremeten y vuelan alto pero no dejan nunca de
mirar abajo. Los que leen los cuentos en voz alta, imitando a los personajes y
mueven el cuerpo acompañando la historia. Me gustan los que son niños cuando
leen y los que les leen a los niños, porque el mundo se hace más ancho y más
profundo y podemos vivir otras vidas y soñar otros sueños. Roldán me hace niña
de nuevo, con sus sapos, sus piojos y sus dragones. Me ayudó a sacarme la
estúpida vergüenza de leer bajito y disimuladamente y me regaló un secreto: un
cuento cuando es compartido es un mejor cuento, un hombre que lee puede sanarse
y un niño al que le leen se acerca más a la felicidad.
Gracias Don sapo por ser
tan sabio y compartirlo!
Bendición de dragón
Que las lluvias que te mojen sean suaves y cálidas.
Que el viento llegue lleno del perfume de las flores.
Que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras
navegar.
Que las nubes cubran el sol cuando estés solo en el desierto.
Que los desiertos se llenen de árboles cuando los quieras
atravesar. O que encuentres esas plantas mágicas que guardan en su raíz el agua
que hace
Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia.
Qué nunca te falte el fuego.
Que nunca, te falte el agua.
Que nunca te falte el amor.
Tal vez el fuego se pueda prender.
Tal vez el agua pueda caer del cielo.
Si te falta el amor no hay agua ni que alcancen para seguir
viviendo.
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