viernes, 6 de septiembre de 2013

un pueblo como tantos....

Blanco Nocturno
Ricardo Piglia
Anagrama - 2010





"ser,  o no ser. 
esa es la cuestión"

 Hamlet
William Shakespeare












  












 A mediados de la década del ‘70 en un pueblo de la provincia de Buenos Aires aparece asesinado en su cuarto de hotel Tony Durán, el extranjero del pueblo.

   Tony había nacido en Puerto Rico pero se había criado en Estados Unidos, era un hombre de placer, de juego y vicios. En una de sus largas noches en Atlantic City conoce a Ada y Sofía Belladona, dos gemelas hermosas y sensuales que luego de varias noches de sexo lo invitan a ir con ellas a su pueblo. Y allí aparecen como salidos de una película de enredos en Las Vegas,   el extranjero del traje blanco con las gemelas descendientes de los fundadores del pueblo a “decorar” las calles de tierra y llenar de chimentos susurrados los bares y las veredas.

   La muerte del visitante revoluciona el pueblo, comienzan a investigarse las verdaderas razones de su llegada develando secretos bien guardados y poniendo en evidencia todo aquello que se desea ocultar. Éste es un pueblo como muchos otros. Hay familias más impunes que otras, que están en posiciones de poder, siempre hay algún pobretón que cae para cubrir a su patrón, están las “chicas bien” que hacen cosas malas, están los hijos ajenos criados como propios, los matrimonios que se odian pero se muestran siempre juntos en los festejos del pueblo, estamos casi todos…

la gente de campo vivía en dos realidades, con dos morales, en dos mundos, por un lado se vestían con ropa inglesa y andaban por el campo en la pick-up saludando a la peonada como si fueran señores feudales, y por otro lado se mezclaban en todos los chanchullos sucios que hacían negociados con los rematadores de ganado y con los exportadores de la Capital” (73)


   Piglia es un maestro de la novela policial en particular y de la literatura en general, no voy a intentar ser objetiva porque fracasaría en el primer intento. Este escritor argentino merece ser leído incansablemente. Sus maravillosas descripciones de los lugares y de las personas nos llenan de una alegría inmensa a los que amamos la literatura. Como en la mayoría de sus obras en “Blanco nocturno” todos los personajes parecen guardar un secreto, tener una doble cara. En esta novela aparece un personaje que también está presente en otras obras, Emilio Renzi, el periodista de Diario El Mundo que llega al pueblo con una mirada un tanto sobradora y termina un poco enredado en los brazos de las gemelas y la familia Belladona. Renzi mira al pueblo con ojos de periodista, pero también de forastero:

Cuando el colectivo entro en el pueblo, el paisaje cambió y se convirtió en una maqueta de la vida suburbana, una serie de casas con jardín al frente, ventanas con rejas, árboles en las veredas, callejones de tierra apisonada y por fin al entrar en la calle larga, primero empedrada y luego asfaltada, aparecieron las casas de dos pisos, los zaguanes de puerta alta, las antenas de televisión en los techos y las terrazas. El centro del pueblo era igual también al de otros pueblos, con la plaza central, la iglesia y la municipalidad, la calle peatonal con las tiendas y as casas de música y los bazares. Y esa monotonía, esa repetición interminable, era lo que seguramente les gustaba a los que no vivían ahí” (185)

   ¿Se resuelve el caso? ¿Los impunes continúan impunes? ¿Qué es lo blanco de esa noche eterna del pueblo? ¿Es la verdad o es la verdad que se aparenta?


   No sé si me importa tanto el final, en los libros que más me gustan lo fundamental para mí no es la resolución o no del problema sino la forma de contarlo, la elección de las palabras, el disfrute de ir pasando cada página y saber que lo que viene es mejor. Por eso me gusta Piglia, porque me atrapa y no me suelta, por eso. 

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