viernes, 28 de febrero de 2014

Antártida

 ANTÁRTIDA
CLAIRE KEEGAN
Edit. Eterna Cadencia






Escribo sobre cómo se siente 
vivir con un caudal de deseos 
y necesidades que nunca 
será totalmente satisfecho, 
eso genera problemas 
y muchas veces daño












           Las historias  de Claire Keegan penetran en  el universo  de la Irlanda rural de la década del ‘70 y ‘80 para hablar de mujeres que un día dicen: no, basta, hasta acá, se terminó. Algunas lo dicen con una mirada, o con una puerta que se cierra o con la aventura de una noche. No importa cómo, lo que importa es que lo dicen.  Pueden parecernos lejanas esas tierras irlandesas pero hay realidades universales que a pesar de no habernos ocurrido a nosotros siempre tenemos una hermana, una prima, una amiga o conocida que pasó por la vivencia de sentirse sola aún en compañía, desvalorizadas o atropellada en toda su humanidad.

          Antártida es su primer libro y  está compuesto por 15 cuentos, en todos ellos aparecen la soledad, la cruel y agotadora rutina, la alienación de la vida diaria, el agotamiento de los sueños, el abandono del deseo, la resignación pero también aparecen las búsquedas por terminar con esas rutinas y las formas en las que cada mujer de esos cuentos decide tomar las riendas de su vida. Casi insistentemente encontramos un vínculo autoritario y machista propuesto por los hombres y sostenido y reproducido por las mujeres. Son ellas las narradoras de las historias que proponen un momento de inflexión y corte con esas relaciones.

            Seleccioné el cuento que lleva el mismo nombre del libro. Una mujer casada, con dos hijos grandes decide tomarse un fin de semana para ella, irse, dejar sus ocupaciones. Mientras planea ese viaje aparece una inquietud secreta, un deseo oculto que tal vez la acompaña desde hace muchos años: Cada vez que la mujer felizmente casada salía, se preguntaba cómo sería dormir con otro hombre. Ese fin de semana estaba dispuesta a descubrirlo. Era diciembre; sintió que se corría un telón sobre otro año. Quería hacer eso antes de ponerse demasiado vieja. Estaba segura de que se iba a desilusionar”. Esta mujer seguramente se preparó toda su vida para romper con la norma de la mujer fiel y entregada a su marido, para ella era más que un engaño, era ser tocada por otro, sentir que otros ojos la miraban y porque no, la deseaban. De eso se trataba, de sentirse profundamente deseada y no poseer culpa. Esta mujer va a un bar, conoce un hombre, se deja seducir y pagar sus tragos. No era un modelo de revista sino un hombre común e imperfecto pero no le importaba. Pasan una tarde en el hotel y él la invita a hacer el amor por última vez en su departamento antes de que ella tome el tren de regreso a su casa y a su vida. 

Ven a mi casa. Te llamaré un taxi, voy a despedirte.- Ella no estaba de ánimo para el sexo. Mentalmente, ya se había ido, se encontraba con su esposo en la estación. Se sentía limpia, plena y afectuosa; lo único que ahora quería era un buen sueñito en el tren. Pero, finalmente, no pudo pensar en ninguna razón para no ir y, a modo de regalo de despedida, le dijo que sí

¿Qué pasará con esa mujer? ¿Podrá volver a su vida, se quedará con ese hombre? ¿Ese extraño del bar sólo querrá su cuerpo, se contentará con una noche o tendrá ocultas intenciones? ¿Podrá el ciego deseo de vivir otra vida, aunque sea sólo por un fin de semana, nublarnos la razón? ¿Vale una noche entregar toda una vida? El final del cuento es una genialidad, la forma en la que la autora nos va llevando al desenlace no tienen desperdicio. Keegan propone una escritura simple pero profunda, cuenta historias cotidianas que guardan secretos enormes que suelen pasar desapercibidos. Hasta la rutina más aburrida esconde una aventura, sólo hay que saber descubrirla.

Cuando terminé de leer este cuento recordé escenas de algunas películas. Pensé en “Las horas” y en la vida de esas tres mujeres que puede resumirse en un día. También recordé “Los puentes de Madison” y  ese semáforo que dura una eternidad y a Francesca deseando bajar de esa camioneta y correr a los brazos de su amado, a los brazos del hombre que le enseño en pocos días que la felicidad es posible y necesaria.


Ojala lean los cuentos de Claire keegan, van a encontrar un mundo conocido y también una idea: hay que buscar la felicidad hasta encontrarla. 


"Las horas"


Los puentes de Madison



1 comentario: