HERMAN HESSE
EL LOBO ESTEPARIO
“A los verdaderos hombres
no les pertenece nada.
El tiempo y el dinero
pertenece a los
mediocres y
superficiales.”
Escuché
alguna vez que en nuestra vida cada libro va encontrando su momento, que hay
libros por los que pasamos sin pena ni gloria, que están los que nos complican
la existencia, los que amamos profundamente y también, entre muchos otros, los
que dejan una huella imborrable, los que generan un paréntesis en nuestra vida
y nuestra forma de mirar al mundo, porque sostengo fortísimamente que los
libros nos pueden cambiar la vida, y por supuesto que no me refiero a los de
autoayuda. Este libro llegó a mi vida cuando era adolescente, para tantos otros
jóvenes fue un libro de cabecera, muchos nos sentimos el lobo estepario que
ronda por el mundo como merodeándolo sospechosamente.
El
protagonista de esta novela es Harry Heller, un hombre oscuro y triste que deambula
por el mundo sin encontrarse en él, muchos críticos y analistas han visto en
este personaje un espejo de las profundas depresiones y encierros que sufría
Hesse, incluso autor y personaje comparten las mismas iniciales en sus nombres
HH (Herman Hesse – Harry Heller). Harry no encuentra su lugar, siente que en
ese mundo de apariencias y confort no hay espacio para el ser humano, por eso
se esconde, se enmascara para no ser como los demás pero también para no
sobresalir.
"Había
una vez un hombre llamado Harry, conocido como El Lobo Estepario. Caminaba en
dos piernas, usaba ropa y era un ser humano, pero en realidad se trataba de un
Lobo Estepario. Había aprendido muchas de aquellas cosas que los hombres con
buen juicio pueden aprender. Pero lo que no había logrado era lo siguiente:
sentirse satisfecho consigo mismo y con su vida"
El libro
está dividido en 4 apartados: “El manuscrito encontrado” en el que alguien
presenta a Harry; “Anotaciones de Harry Heller. Sólo para locos. Primera
parte”; “Tractac del lobo estepario. No para cualquiera” allí desde el exterior
de la historia se analiza a Harry y sus características y por último, la segunda y tercera parte de “Anotaciones de
Harry Heller. Sólo para locos”. Cada uno de estos capítulos funcionan como puertas
que se abren a lo desconocido, el misterio detrás del picaporte genera temor,
ansiedad y sobre todo la sensación de estar entrando en un mundo de sueños
locos y pesadillas. Hesse realiza permanentemente una mixtura entre sueño y
realidad, lo onírico funciona como un camino de emergencia para Harry cuando se
cansa de aparentar, de usar máscaras. En el mundo de sueños el Lobo Estepario
encuentra el terreno propio. Hacia el final aparece Pablo, un saxofonista que
encarna la antítesis de los hombres del mundo, es intuitivo, espontáneo, no se
interesa por las apariencias ni las miradas de los Otros. Pablo lo invita a su
TEATRO MAGICO, un lugar en donde la realidad se distorsiona y las puertas se
abren hacia múltiples dimensiones.
Se cuenta
que Hesse escribía para aislarse de la atrocidad de la guerra, “El lobo
estepario” es de fines de los años ’20 pero su primer libro es de 1919. Se
cuenta también que el lobo estepario lo atravesó, que tuvo que vivir como
hombre corriente cuando deseaba otra cosa. Cosas que se dicen…
“Me encontré arrebatado, en un mundo agitado y bullicioso. Por
las calles corrían los automóviles a toda velocidad y se dedicaban a la caza de
los peatones, los atropellaban haciéndolos papilla, los aplastaban
horrorosamente contra las paredes de las casas. Comprendí al punto: era la
lucha entre los hombres y las máquinas, preparada, esperada y temida desde hace
mucho tiempo, la que por fen ha estallado”
Vivimos en
un mundo de apariencias, en donde entre el ser y tener como tituló Fromm pesa
más el segundo, donde todo debe ser rápido, inmediato, fácil, placentero y
efímero. Es un mundo engañoso: seduce maliciosamente con la posibilidad de que
poseerlo todo es posible. Este mundo necesita más lobos esteparios, que amen y
anuncien ese amor, que despierten con y por un proyecto, que esperen toda la
noche para ver el amanecer, que se emocionen con una canción, que abracen
fuerte, que lloren de alegría y que se despojen, que suelten, suelten, suelten…
Por esos años el español Jesús Quinteros tenía un programa
de radio llamado “El lobo estepario”, debo reconocer que aún hoy cuando lo
escuchó me invade el insomnio y las ganas de correr libre por la estepa.
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