Sandor Márai
Edit. Salamandra
La realidad no es lo mismo que la verdad
– respondió el general -.
La realidad son solo detalles.
Sandor Márai nació en un pequeño pueblo húngaro en 1900, recibió varios premios y se lo considera uno de los grandes escritores modernos. En esta breve novela se despliega como un gran maestro de las palabras, encontramos pasajes descriptivos que parecen una fotografía. Hace de este diálogo un relato intenso de la vida, la amistad y los valores. Leer a Márai es un punto de partida hacia la literatura que vale la pena leer, que va más allá de una buena historia. Porque hay historias buenas e historias bien contadas. Está es un historia excelente relatada de manera soberbia.
El último encuentro es la reunión de dos amigos que hace más de 40 años no se ven, que por alguna razón que irá desentrañándose en la novela se han separado. ¿Por qué se reúnen después de tantos años? Para cerrar su historia, para ponerse en claro, para decirse la verdad y no verse jamás otra vez. El último encuentro de los dos amigos transcurre en la casona del General, lugar que en algún tiempo fue sitio de festejos y grandes cenas es ahora un montón de puertas cerradas, vajilla guardada y cuadros descolgados. El General manda a limpiar y abrir la casa, está esperando a Konrad.
La novela transcurre en el diálogo de los dos hombres, y sin embargo la vida pasa entre ellos con cierto aire cinematográfico. Han compartido la adolescencia, se han hecho hombres juntos y se han separado, pero en medio de todo eso hubo guerras, muertes, matrimonios, viudez. Ha pasado la vida, la vida que es tiempo que transcurre.
“La amistad entre los dos muchachos era tan seria y tan callada como cualquier sentimiento importante que
dura toda la vida”
Han pasado 41 años y 43 días. Hay toda una vida entre ellos. Donde hubo amistad ahora hay soledad y melancolía. ¿Qué sucederá en ese encuentro? ¿Se reconocerán? ¿Serán los mismos? ¿Quedará algo de aquella amistad? Los amigos conversan sobre cómo les ha ido, el recuerdo que guardan de cada uno, hablan de sus familias, recuerdan la vida que pasaron juntos y separados. El relato como un diálogo tiene silencios. En definitiva como la vida que a veces calla. Y me quedo pensando si es posible decir todo lo que pensamos y decimos ¿si la amistad tiene límites? Porque cerca del final el invitado le pregunta al General ¿Qué queda en nuestros corazones? Y me pregunto entonces si el recuerdo puede mantener vivo algo que ya ha muerto.
“Uno se pasa toda la vida preparándose para algo. Primero se enfada. A continuación quiere venganza. Después espera (…) El tiempo lo conserva todo, pero todo se vuelve descolorido, como en las fotografías antiguas, fijadas en placas metálicas. La luz y el paso del tiempo desgastan los detalles precisos que caracterizan los rostros fotografiados. Hay que mirar la imagen desde distintos ángulos y buscar la luz apropiada para reconocer el rostro de la persona cuyos rasgos han quedado fijados en el espejo ciego de la placa. De la misma manera se desvanecen en el tiempo todos los recuerdos humanos”
Márai es un escritor necesario, es un poeta en prosa, porque las palabras no son sólo medios para decir sino que son fundamentales en si mismas. otras de sus obras son: La mujer justa, Divorcio en Buda, Confesiones de un burgués, La extraña, La hermana, Liberación, etc. Hay que pasar por alguno de ellos.
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