lunes, 18 de noviembre de 2013

una casa, el viento y una búsqueda

La Casa y el Viento
Héctor Tizón




     


"El hombre 
lejos de su casa
se convierte 
en una llamada
sin respuesta"
                                                                                      
La casa y el viento es una novela profunda y silenciosa. Está llena de palabras, es cierto. Dice mucho, también es cierto. Pero hay un silencio que la atraviesa, es un hombre que camina y calla, que trata de olvidar aquello que es imposible sacar de la memoria del corazón. El exilio hace que debamos ser nosotros en otro lugar, arranca a un hombre de su casa, de su tierra y sólo le resta callar. El exilio es imposible de definir y comprender por aquellos que siempre hemos estado en el lugar que consideramos hogar, que no fuimos arrancados, obligados a irnos, a hablar otro idioma, caminar otras calles, olvidar el barrio.

“siento que a medida que avanza el mes, el sol y mi vida disminuyen pero en mis sueños se agrandan llenos de luz, de olores de cocina, de ruidos, de risas agitadas como pájaros; de todo aquello a lo que debo las ganas de salvarme, de seguir viviendo para recordar”

La novela cuenta la historia de un hombre que va de pueblo en pueblo, como escapando y buscando al mismo tiempo. Es un hombre desterrado, sin hogar ni retorno. Anda los caminos con cierto aire de melancolía y levantando  sospecha como cualquier forastero. En este camino conoce gente que le brinda un plato de sopa, una cama improvisada, un vaso de vino y algún mate lavado. Pocas veces conversa y nunca dice quien es. Es una novela silenciosa porque este hombre no quiere contar, tal vez porque cuando diga las palabras comience a recordar una historia que es del pasado y ya no le pertenece. Anda huyendo del hombre que fue para encontrarse con el hombre que es.

Para esta gente soy casi un extranjero, nadie parece darse cuenta de que busco su compañía porque vengo huyendo de otras. Siempre fue así. He buscado mi vida a través de otros, delegándome, por temor a repetir los errores, creyendo que eso era una forma de vivir sin riesgos, sabia y cautelosamente. ¿Pero esto es posible? Nadie puede hacer otra vez nada, puesto que cada vez es diferente

Tizón nació en Salta, pero se crió y murió en Jujuy, en su querida Yala. Entre 1976 y 1982 se exilió. Fue en ese último año que escribió “La casa y el viento”, como si fuera una necesidad de encontrase con su tierra o como un relato de su vida fuera de Yala. Un documento que cruza todas las fronteras y marca un límite entre él y aquellos de los que alejaba. De alguna manera esto está presente en el inicio de la novela cuando dice: “Desde que me negué a dormir entre violentos y asesinos, los años pasan (…) pero antes de huir quería ver lo que dejaba, cargar mi corazón de imágenes para no contar ya mi vida en años sino en montañas, en gestos, en infinitos rostros; nunca en cifras sino en ternuras, en furores, en penas y alegrías. La áspera historia de mi pueblo

Tizón es un escritor exquisito, de esos que es casi imposible quitarse de la piel. En sus descripciones encontramos algo del paisaje que lo vio crecer, una letanía norteña, la profundidad de los ancianos de pueblo que cuentan sus historias aletargando el tiempo. Es un poeta y un filósofo porque no solo relata una historia sino que comparte ideas. Habla de la vida de un hombre y de todos al mismo tiempo, porque ¿quién no ha huido alguna vez?; ¿Quién no tuvo que irse para encontrase?; ¿Quién no ha visto el paisaje árido y solitario y ha sentido que es un cuadro de su propia vida?
Habla de la tierra como un poeta de la mujer que ama: siempre perfecta, siempre pura, siempre en presente. Porque a Tizón la tierra le duele, y también le duele cuando la lastiman; y se niega, digna y enteramente, a habitarla junto a los que las desprecian y asesinan. Por eso se va, para quedarse.

los lugares distintos – la paz de los paisajes – no disipan los pesares, sino el amor y la piedad. Observaba al viejo en silencio y era esto lo que hubiera querido decirle – que acababa de descubrirlo yo también -: que todo lo que nos confunde y angustia está fuera del hombre: el oro, los monumentos, el poder: todo eso que también los malos y los imbéciles pueden alcanzar


No te pierdas a Tizón, no te pierdas la brillante manera en la que escribe; no te pierdas la aventura sumergirte en sus páginas, ni sus ideas profundas sobre el hombre y la tierra. Este libro me cautivó, me llenó de esperanza, me regaló una visión de la vida que me guardo para siempre: hay que soltar para encontrarse, vivir más ligero para andar más seguro.


jueves, 31 de octubre de 2013

Matar al Padre

MATAR AL PADRE

Amélie Nothomb

Anagrama  2013


               
 Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que,de ahora en adelante, ya no podré creer en ti

F.  Nietzsche









En “Matar al padre”,  la última novela de Amélie Nothomb, encontramos mucho de lo que se reitera en su obra: la resignación y la obstinación conviviendo en un ser humano; esa capacidad de ir hasta las últimas consecuencias como si no hubiese nada luego, tal vez porque no lo hay. Un adolescente o joven de los ’90 (como muchos de sus personajes) que encarna esta dualidad de desear algo con todas las fuerzas pero a la vez sentirse natural e irremediablemente vencido. Esta novela también comparte con las demás un hipnotismo en la lectura, un laberinto en donde parecen estar todos perdidos y no queda claro si existe la salida.  Y está también la figura de la misma escritora, siempre presente en la imagen de las tapas y de alguna manera como iniciadora del relato. Aparece su nombre en el centro de escena, como un gran movimiento egocéntrico que la pone en la primera página y no logramos despegarla hasta el final. Es la Nothomb la que escribe y lo deja claro.

Joe Whip es un adolescente de 14 años que vive con su madre, su  padre no está o peor aún, está su ausencia. Joe pregunta por él y su madre, Cassandra, le contesta: “Me abandonó cuando tú naciste. Los hombres son así”. Vive en medio de culpas, abandonos y desprecios por parte de su madre y sus múltiples amantes. Un día llega a la vida de Cassandra otro Joe, un hombre que le importa y siente que se quedara para siempre, es así que por pedido de este Joe adulto y amante echa de su casa a Joe hijo, le promete que le enviará U$S 1.000 por mes, suma que sirve más para alivianar su conciencia materna que para vivir sin trabajo, ni hogar ni comida.  Se encuentra entonces más solo que nunca, sin rumbo ni destino, lo único que le queda es su bolso con algo de ropa y sus elementos de magia. Es ese mismo día que su vida comienza y decide no detenerse hasta ser un gran mago.

Sobrevive  haciendo trucos sencillos en un bar cercano a Las Vegas, llega un hombre cualquiera y advierte la habilidad innata de sus manos, su inteligencia para los trucos y las tramas. Le promete entonces que lo ayudará a convertirse en el más prestigioso hombre de magia y para esto lo lleva a la casa de Norman Terence, pero no lo presenta ni lo prepara, sino que simplemente lo deja a allí en el umbral, abandonado otra vez por un hombre.

el objetivo de la magia es lograr que el otro llegue a dudar de la realidad”

Terence, famoso por ser el mejor mago de EEUU, y su esposa  lo alojan como a un hijo y vivirá con ellos varios años. Aprenderá los movimientos, los secretos y las trampas, y se irá convirtiendo en hombre, en mago y en bribón. Christina, la esposa de Norman, será más que una madre para Joe, será el objeto de sus deseos y por ella tramará un plan que pondrá en peligro su vínculo con ese padre adoptivo. Pero no importa, ya ha perdido muchos padres.

El libro es por momentos una versión del complejo de Edipo, una forma o una excusa para matar a los padres y desear sin culpas. Para Joe matar al padre (cualquier sea) es una necesidad, un deseo, una orden, un pedido y finalmente, su destino. Y sin embargo hay una figura paterna que lo sostiene y lo ubica en el lugar que ocupa, una especie de padre que no está pero lo llena y ahoga con su presencia.

“Matar al padre” es una novela breve, llena de temores y obsesiones. De sarcasmo y cinismo. De padres,  madres, hijos y vínculos eternos.

“Que mi destino siga su curso, vaya donde vaya”.

Edipo Rey

miércoles, 30 de octubre de 2013

el viejo y el mar

El viejo y el mar

Ernest Hemingway




Un hombre puede ser destruido,
pero nunca derrotado














¿Qué pasa en la cabeza y en el corazón de un pescador que no pesca? ¿Qué sucede con esas manos que no tocan pez alguno? ¿Es aún un pescador? ¿Un hombre sigue viviendo si eso que espera y busca y necesita no llega?

“Tal vez yo no debiera ser pescador, pero para eso he nacido”

Santiago es un pescador ya anciano que hace 84 días que no pesca. Siente que  esa ausencia, que ese anzuelo vacío le cuesta su dignidad. Teme que se pierda todo respecto por él y sufre por ser el pescador que no pesca.  Por eso decide partir a la mar, entrar al mundo acuático para salir de allí únicamente con un pez en su embarcación. Debía volver como pescador o no volver. Era un viaje, un propósito, una excusa y un ultimátum. Era su vida la que se embarcaba.  “El viejo y el mar” es la historia simple de un hombre, de sus recuerdos y de la vida. Para este hombre la mar (como lo llama) es un hogar eterno, es el lugar donde él es.


“Decía siempre la mar. Así es como dicen en español cuando la quieren. A veces los que la quieren hablan mal de ella, pero lo hacen siempre como si fuera una mujer (…) pero el viejo lo concebía siempre como perteneciente al género femenino y como algo que concedía o negaba grandes favores, y si hacía cosas perversas y terribles era porque no podía remediarlo. La luna, pensaba, le afectaba lo mismo que a una mujer”


Como si fuera un destino irrefutable Santiago captura su ansiado pez, es un pez enorme, bello y complejo, un poco como su vida. Un pez que se niega a ser atrapado y lucha con todas sus fuerzas. Finalmente logra apresarlo, pero en medio del camino de regreso se cruza con tiburones feroces y hambrientos. ¿Podrá con ellos también? ¿Llegará a la costa con su trofeo?

entonces empezó a sentir lástima por el gran pez. Que había enganchado. Es maravilloso y extraño, y quién sabe qué edad tendrá, pensó. Jamás he cogido un pez tan fuerte, ni que se comportara de un modo tan extraño… no puede saber que no hay más que un hombre contra él ni que este hombre es un anciano…me pregunto si tendrá algún plan o si estará, como yo, en la desesperación”

          Cuentan que ese pescador existió y que Hemingway lo conoció en un bar en Cuba. Estaba allí escribiendo una crónica para el diario que trabajaba, crónica que terminó siendo esta novela. Ese bar tiene una mesa que aún hoy está siempre reservada para Ernest Hemingway.

Esta novela me gusta porque no ostenta, porque cuenta la historia de un hombre que se enfrenta con su destino. Un hombre común, un anciano que ha pasado toda su vida siendo un pescador, que no sabe o no quiere o no puede ser otra cosa. Que su vida está en el bote y en las historias que comparte en el bar con los otros pescadores. Pero sobre todo es un hombre que mira al pasado sin resignación ni pesimismo, pero si con una nostalgia romántica que hace que su vida se mueva al ritmo del mar.
“El mar es dulce y hermoso. Pero puede ser cruel, y se encoleriza tan súbitamente que esos pájaros que vuelan picando y cazando, con sus tristes vocecillas, son demasiado delicados para la mar


Más allá de la historia y la magnífica manera en la que Hemingway nos la relata, este libro es muy especial porque cautivó a mi madre, tanto que lo leyó completo. Y fue una felicidad. Ante mi insistente “lee algo mamá” o “dale, llevate este libro que te va a gustar” fue este viejo pescador el que logró seducirla. Ella siempre me pregunta ¿por qué queres que lea?  Y  yo siempre le respondo: para ser feliz.


Después empezó a soñar con la larga playa amarilla y vio el primero de los leones que descendían a ella al anochecer. Y luego vinieron los otros leones. Y él apoyó la barbilla sobre la madera de la proa del barco que allí estaba fondeando sintiendo la vespertina brisa de tierra y esperando a ver si venían más leones  Y era feliz

lunes, 28 de octubre de 2013

Dragón

DRAGÓN
Gustavo Roldán
Ilustraciones Luis Scafati
Edit. Sudamericana – 1997






  
"En un mundo donde se derrumban los valores,  todavía —creo, quiero creer—,
todavía quedan los libros como
un baluarte de la dignidad.
Un libro es una llave,
es una puerta que puede abrirse,
es una habitación donde se encuentra
lo que no se debe saber,
es un ámbito de conocimiento
de la verdad y de lo prohibido,
que deja marcas que
         después no se pueden borrar”             




Empecemos rompiendo con el prejuicio de que hay literatura para niños y para adultos, dejémonos atravesar por los personajes y las historias para disfrutar de la literatura sin importar cuantos años tengamos. La literatura es disfrute y para eso,  por suerte, no hay edad. Respecto a esto dijo Roldán en una nota para la Revista Ñ: “Las obras tienen que ser para todos, no tiene que haber dos literaturas (…) me crié en el monte escuchando historias y no había una diferencia: si había un grande, era para grandes, si había un chico, era para chicos” (Revista Ñ “¿La literatura infantil es literatura?” el 16 de marzo de 2011)

Nació el 16 de agosto de 1935, en Sáenz Peña, provincia de Chaco y murió a los 76 años en 2012. Sus cuentos están impregnados de la geografía del lugar, el monte, los animales y el clima se comparten como una fiesta o un baile, con alegría y fervor, pero con la inocencia de que esa felicidad puede durar para siempre. Pero hablemos de Dragón, de este exquisito libro que además de los textos de Roldán cuenta con las ilustraciones de (nada menos!) Luis Scafatti. En este libro encontramos la vida y las historias de los dragones. Es un libro de relatos y de poemas, de maravillas: es un tesoro.  Los dragones temen, sufren, se alegran, bailan, nos bendicen pero también nos maldicen.  Igual que los hombres se enamoran y sienten que el mundo se mueve al ritmo de su corazón, que un suspiro puede cambiar el rumbo del viento y que no hay nada que sea más importante que su amor:


Amor de Dragón
Cuando los dragones se aman se desatan los maremotos, los volcanes lanzan un fuego endemoniado y los huracanes largan una furia que hace pensar que ha llegado el fin del mundo. Por eso a veces, para amarse sin molestar a nadie, vuelan hasta el cielo más alto, donde las estrellas casi están al alcance de la mano. Y los dragones creen que el mundo queda en calma. pero se equivocan. Entonces caen rayos y centellas, el cielo parece desplomarse con truenos aterradores, las estrellas fugaces y los cometas de largas colas luminosas corren de un lado para el otro sembrando el pavor, y los tornados enfurecidos se tragan medio mundo. O la luna o el sol parecen borrarse lentamente en el cielo y todos dicen que hay un eclipse, dando minuciosas explicaciones de cómo la tierra se coloca entre el sol y la luna o la luna delante del sol y etcétera etcétera. Vanas explicaciones. Las dicen los que nunca miran bien. Si mirasen bien verían claramente la figura de dos dragones que se aman y que van tapando la luz de los astros según se acerquen o se alejen. Cada vez que alguien piense que está llegando el fin del mundo sólo tiene que abrir los ojos de mirar bien. Los ojos grandes de mirar lejos. Y no creer en tonteras. Pero eso no es nada fácil.

Estos dragones de Roldán son como los hombres y mujeres que más me gustan: los que viven intensamente, los que vencen el miedo, los que intentan siempre sin importar el desafío, los que arremeten y vuelan alto pero no dejan nunca de mirar abajo. Los que leen los cuentos en voz alta, imitando a los personajes y mueven el cuerpo acompañando la historia. Me gustan los que son niños cuando leen y los que les leen a los niños, porque el mundo se hace más ancho y más profundo y podemos vivir otras vidas y soñar otros sueños. Roldán me hace niña de nuevo, con sus sapos, sus piojos y sus dragones. Me ayudó a sacarme la estúpida vergüenza de leer bajito y disimuladamente y me regaló un secreto: un cuento cuando es compartido es un mejor cuento, un hombre que lee puede sanarse y un niño al que le leen se acerca más a la felicidad. 
Gracias Don sapo por ser tan sabio y compartirlo!


            Bendición de dragón     

Que las lluvias que te mojen sean suaves y cálidas.
Que el viento llegue lleno del perfume de las flores.
Que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras navegar.
Que las nubes cubran el sol cuando estés solo en el desierto.
Que los desiertos se llenen de árboles cuando los quieras atravesar. O que encuentres esas plantas mágicas que guardan en su raíz el agua que hace
Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia.
Qué nunca te falte el fuego.
Que nunca, te falte el agua.
Que nunca te falte el amor.
Tal vez el fuego se pueda prender.
Tal vez el agua pueda caer del cielo.
Si te falta el amor no hay agua ni que alcancen para seguir viviendo.

sábado, 12 de octubre de 2013

una poesía y una canción


una poesía, una canción y un montón de sensaciones, recuerdos, miedos, deseos y secretos que no puedo escribir ni decir. 

No hay puertas

Con arenas ardientes que labran una cifra de fuego sobre el tiempo,  con una ley salvaje de animales que acechan el peligro desde su madriguera,
con el vértigo de mirar hacia arriba,
con tu amor que se enciende de pronto como una lámpara en medio de la noche, con pequeños fragmentos de un mundo consagrado para la idolatría, con la dulzura de dormir con toda tu piel cubriéndome el costado del miedo,
a la sombra del ocio que abría tiernamente un abanico de praderas celestes, hiciste día a día la soledad que tengo.
Mi soledad está hecha de ti.
Lleva tu nombre en su versión de piedra,
en un silencio tenso donde pueden sonar todas las melodías del infierno; camina junto a mí con tu paso vacío,
y tiene, como tú, esa mirada de mirar que me voy más lejos cada vez, hasta un fulgor de ayer que se disuelve en lágrimas, en nunca.
La dejaste a mis puertas como quien abandona la heredera
de un reino del que nadie sale y al que jamás se vuelve.
Y creció por sí sola,
alimentándose con esas hierbas que crecen en los bordes del recuerdo y que en las noches de tormenta producen espejismos misteriosos, escenas con que las fiebres alimentan sus mejores hogueras.
La he visto así poblar las alamedas con los enmascarados que inmolan al amor -personajes de un mármol invencible, ciego y absorto como la distancia-, o desplegar en medio de una sala esa lluvia que cae junto al mar, lejos, en otra parte,
donde estarás llenando el cuenco de unos años con un agua de olvido.
Algunas veces sopla sobre mí con el viento del sur
un canto huracanado que se quiebra de pronto en un gemido
en la garganta rota de la dicha, 

o trata de borrar con un trozo de esperanza raída
ese adiós que escribiste con sangre de mis sueños en todos los cristales para que hiera todo cuanto miro.
Mi soledad es todo cuanto tengo de ti.
Aúlla con tu voz en todos los rincones.
Cuando la nombro con tu nombre
crece como una llaga en las tinieblas.
Y un atardecer levantó frente a mí
esa copa del cielo que tenía un color de álamos mojados
y en la que hemos bebido el vino de la eternidad de cada día,
y la rompió sin saber, para abrirse las venas,
para que tú nacieras como un dios de su espléndido duelo.
Y no pudo morir y su mirada era la de una loca.
Entonces se abrió un muro y entraste en este cuarto con una habitación que no tiene salidas
y en la que estás sentado, contemplándome, en otra soledad
semejante a mi vida.




lunes, 30 de septiembre de 2013

Alejandra



ALEJANDRA PIZARNIK
     Poesía completa
     Edit. Lumen - 2007











Una poesía que diga lo indecible
 – un silencio -.
Una página en blanco





















Desde que comencé este blog tengo el deseo de escribir sobre Alejandra Pizarnik, pero nunca me decidía a hacerlo. Tal vez porque me gusta tanto, porque me conmueve de sobremanera, porque creo que nada de lo que pueda escribir se acerca a lo que me generan sus poesías y sus palabras. Alejandra es inalcanzable por el lenguaje, es indescriptible. Pero es justamente este amor que le tengo lo que me impulsa a decir algo de ella y su mundo, pero algo pequeño porque no bastarían las páginas para decirla. Hasta siento vergüenza al escribir sobre ella, porque como no avergonzarse frente a lo magistral del mundo, al poder de las palabras que hacen temblar a la tierra. Como un terremoto que no deja nada en pie, así se la lee. Como un huracán que llena los ojos de tierra y  aunque duela queremos seguir mirando. 

Alejandra es una noche oscura con una neblina espesa que impide ver rostros. Una noche de sombras, llena de monstruos creados por los árboles y el viento.
Alejandra es un dolor profundo que no se va nunca, una herida tan penosa que impide cualquier sonrisa, cualquier intento de alegría.
Alejandra es la otra cara de la vida, la que no queremos ver pero está y nos respira en la nuca.
Alejandra es el mejor viento de todos, es un viento de mar que nos pone la inmensidad adelante y solo queda respirar hondo y caminar. 

 EL DESPERTAR 

a León Ostrov

"Señor       
La jaula se ha vuelto pájaro 
y se ha volado 
y mi corazón está loco 
porque aúlla a la muerte 
y sonríe detrás del viento 
a mis delirios 

Qué haré con el miedo 
Qué haré con el miedo 

Ya no baila la luz en mi sonrisa 
ni las estaciones queman palomas en mis ideas 
Mis manos se han desnudado 
y se han ido donde la muerte 
enseña a vivir a los muertos 

Señor 
El aire me castiga el ser 
Detrás del aire hay mounstros 
que beben de mi sangre 

Es el desastre 
Es la hora del vacío no vacío 
Es el instante de poner cerrojo a los labios 
oír a los condenados gritar 
contemplar a cada uno de mis nombres 
ahorcados en la nada. 

Señor 
Tengo veinte años 
También mis ojos tienen veinte años 
y sin embargo no dicen nada 

Señor 
He consumado mi vida en un instante 
La última inocencia estalló 
Ahora es nunca o jamás 
o simplemente fue 

¿Còmo no me suicido frente a un espejo 
y desaparezco para reaparecer en el mar 
donde un gran barco me esperaría 
con las luces encendidas? 

¿Cómo no me extraigo las venas 
y hago con ellas una escala 
para huir al otro lado de la noche? 

El principio ha dado a luz el final 
Todo continuará igual 
Las sonrisas gastadas 
El interés interesado 
Las preguntas de piedra en piedra 
Las gesticulaciones que remedan amor 
Todo continuará igual 

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo 
porque aún no les enseñaron 
que ya es demasiado tarde 

Señor 
Arroja los féretros de mi sangre 

Recuerdo mi niñez 
cuando yo era una anciana 
Las flores morían en mis manos 
porque la danza salvaje de la alegría 
les destruía el corazón 

Recuerdo las negras mañanas de sol 
cuando era niña 
es decir ayer 
es decir hace siglos 

Señor 
La jaula se ha vuelto pájaro 
y ha devorado mis esperanzas 

Señor 
La jaula se ha vuelto pájaro 
Qué haré con el miedo 




Esa es la vida de Alejandra, así la vivió: como un desgarro. Tal vez a causa de tanta oscuridad es que buscó la perfección en el lenguaje. Cada palabra suya es única e irreemplazable  Tratar de entender y explicar a Alejandra es entrar en el universo del fracaso porque ¿cómo abordar a una poeta, una mujer, que uso a las palabras como escudo y como máscara? Muchas veces se la ubica como una mujer enferma y triste y se deja de leer por temor a encontrar una poesía deprimente, yo te digo que no, que pese a la derrota con la que vivió su vida puso en sus poesías una magia espléndida. Pero no una magia de galeras, conejos y palomas sino la magia de buscar la palabra justa y encontrarla.

“una mirada desde la alcantarilla
Puede ser una visión del mundo
La rebelión consiste en mirar una rosa
Hasta pulverizarse los ojos


Cold in hand blues

y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo

Su búsqueda inagotable para alcanzar la perfección del lenguaje queda plasmada en sus poemas que se van condensando cada vez más hasta llegar a ser pequeñas oraciones que esconden volcanes de sensaciones y sentimientos

“¿Tendré tiempo para hacerme una máscara cuando emerja de la sombra?”

Sus poesías y escritos recurren a temas como la muerte, la soledad, la belleza, el lenguaje, el silencio  y la tristeza. Plasma en ellos la visión que tenía de su vida en particular y del mundo en general. Nació en 1936 en Buenos Aires, en su juventud se fue a vivir a París donde paso tal vez sus mejores años, si es que así pueden calificarse. Pasó largas noches sumida en  las pastillas que tomaba desde adolescente, se secuestró a sí misma en una vida triste. Vivió esperando morir y se suicidó el 25 de septiembre de 1972  a los 36 años. Como una gran metáfora de la muerte en primavera. Había vuelto a Bs. As. y se encontraba en un psiquiátrico, se quitó la vida en una tarde de salida pautada con sus médicos. Ella había escrito en sus diarios en octubre de 1962:

“Hablo de morir. Si no puedo suicidarme, si no me animo a complacerme, a entrar en donde quiero…La solución, esta vez, es clara, definitiva. No quiero vivir. No espero nada. Quiero no existir. Es simple. No hay explicación que dar. Quiero morir. Ni siquiera lo quiero apasionadamente. Lo digo como si pidiera agua. Quiero dejar de ser yo, quiero abandonar mi cuerpo y mi sufrimiento. No es demasiado pronto”

Alejandra, que en realidad se llamaba Flora Pizarnik, se fue muy pronto. Cuánta poesía nos falta en el mundo porque ya no está. Ojalá descanses Alejandra, ojalá hayas encontrado tus palabras.

Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas. “

                                                     La carencia

martes, 24 de septiembre de 2013

Idea Vilariño



IDEA VILARIÑO
En lo más implacable de la noche
Colihue 2013




"Pobre mi amor
creíste
que era así
no supiste.
Era más rico que eso
era más pobre que eso
era la vida y tú
con los ojos cerrados
viste tus pesadillas
y dijiste
la vida."







Cuando pienso en poesía pienso en el viento. En la tierra que vuela y dificulta la mirada, en las hojas que corren rápido hacia ninguna parte. Pienso también en todo lo que se acumula en los rincones sin que nadie lo vea. La poesía se me hace viento porque viene a moverme el mundo, a desencajarme, a obligarme a buscar otra cosa, otro espacio, otra forma, algo más. En Villegas hace muchos días que hay mucho viento, por eso tengo tanta poesía en los estantes, el escritorio y la mesa de luz, porque con el viento viene lo nuevo y con la poesía viene lo hermoso. Y me encanta el viento que sopla fuerte y me despeina, y me encanta la poesía que dice fuerte y me despeina. Sopla intensa la poesía.

      Idea Vilariño nació en  Montevideo (Uruguay) en 1920 y formo parte de la generación del ’45. Fue poeta, docente, crítica literaria, traductora. Publicó en vida 11 libros de poemas y 4 antologías personales además de los ensayos y las críticas, algunos de sus libros tienen más de 10 reediciones. Nació en un hogar en donde las ideas de izquierda y el arte eran el aire que se respiraba, a los 17 años ya tenía varios cuadernos llenos de poesías y pensamientos sobre flores y pájaros.
“Entonces soy los pinos
Soy la arena caliente
Soy una brisa suave
Un pájaro liviano delirando en el aire
O soy la mar golpeando de noche
Soy la noche.
Entonces no soy nadie”

Estamos ante de la presencia de una mujer que encarna la melancolía, su mirada distante nos revela un mundo de suspiros perdidos en el aire. Hasta su voz esconde un secreto lleno de tristeza. Temas como la muerte, la ausencia y la soledad son recurrentes en sus poesías, hasta el amor duele un poco porque se termina. 

“Buscamos 
 Cada noche 
Con esfuerzo 
Entre tierras pesadas y asfixiantes
Ese liviano pájaro de luz
Que arde y se nos escapa/En un gemido”

      Pese a que sus temas son profundos e incluso dolorosos siempre se le ha preguntado el porqué de su escritura sencilla y cotidiana, como si se esperara que una poeta de su nivel escribiera de manera intelectual o compleja, Idea no dio muchas entrevistas en su vida, más que reservada fue una persona que supo guardarse en su interior, pero en una entrevista dada a María Esther Gilio ella dice: “siempre me he rehusado a usar palabras que suelen considerarse poéticas, que salen de lo corriente … me cuido de no caer en eso, me cuido de no volver a tocar un poema una vez que lo dejé”. Será por eso que usa a las palabras como una plataforma para contar lo verdadero, en uno de sus poemas llamado  EPITAFIO ella dice: “no abusar de palabras / no prestarle / demasiada atención”. Sabe que no hay metáfora  ni verso que pongan sobre la mesa el dolor que siente, que digan de su soledad y su desilusión. Los versos de Idea no se leen, se respiran.

      Durante muchos años mantuvo un extraño amor con el escritor Juan Carlos Onetti. Según cuenta la poeta tenían momentos buenos y otros no tantos, en uno de los buenos Onetti le dijo que tenía que irse a casarse con otra mujer. Así simplemente, TENÍA que irse para casarse, y luego de esto comenzó a hablarle  de Dolly, su futura esposa. Su vínculo continuó luego de su casamiento pero estas situaciones se repetían, cuenta Idea que alguna vez lo espero en su casa para pasar el fin de semana juntos pero él se fue a pasarlo con otra mujer, pero le aclaro: cada vez que encendí un cigarrillo pensaba en lo nuestro. Ella supo que eso era lo que tenían y aunque quiso dejarlo muchas veces siempre volvieron, como un destino o una maldición. 

Un huésped 
No sos mío
no estás
en mi vida
a mi lado
no comés en mi mesa
ni reís ni cantás
ni vivís para mí.

Somos ajenos
y yo misma
y mi casa.

Sos un extraño
un huésped
que no busca no quiere
más que una cama
a veces.

Qué puedo hacer
cedértela.

Pero yo vivo sola.


  Cierro esta columna con el poema que le escribe a Onetti “YA NO”, y aunque parece una despedida es una forma de manifestar que era eso que había entre ellos y que no tendrían nunca a pesar de estar juntos. Ella dice: “yo no digo ahí que querría eso, sino que eso no podría ser”.  Lo terrible del amor también existe

Ya no será,
ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa, no te tendré de noche
no te besaré al irme, nunca sabrás quién fui,
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era,
ni quién fuiste, ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos,
querernos, esperarnos, estar.
Ya no soy más que yo para siempre y tú
Ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives, con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.
No volveré a tocarte. No te veré morir.